Sexo y muerte en un vaso de ginebra; extracto del libro “La Hamburguesa Humana”

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Texto de Ricard Millàs

Este relato se incluye en el libro La Hamburguesa Humana, donde encontraréis algunos relatos de corte erótico, otros más crudos y una novela corta cuyo escenario se sitúa en el Hospital del Mar de Barcelona. Sexo y Muerte en un vaso de ginebra, título de este relato, es uno de los textos que contienen un alto contenido explícito donde el acto sexual se convierte en protagonista, dejando a un lado a quienes lo practican y  desplazando a su vez, al factor que en un holocausto zombi debería tener más importancia; los propios zombis. Los personajes de este relato, junto a los de otros cuentos que los hermanan, alteran el orden restando importancia al peligro y centrando la atención del lector en un acto tan usual como un simple polvo matutino. Mi intención es la de difuminar el efecto zombi sustituyéndolo por algo tan cotidiano como las relaciones humanas. Con ello no estoy quitándole importancia al género, simplemente uso los ingredientes que tengo a mi antojo.

Espero que disfrutéis el relato y si gustáis, podéis gozar en vuestra casa con el libro que da nombre al blog.

 

Sexo y muerte en un vaso de ginebra

Estáis toda la noche desnudos moviéndoos al ritmo de una canción eterna de amor y bailes de salón para jubilados. La música de ascensor es una geisha acariciándote los muslos; la ola perfecta para un surfista con mechas naturales. Te gusta bailar con ella y desnudaros uno enfrente del otro, sorbiendo de vuestros vasos de ginebra mientras la vida muere a dentelladas bajo la noche. Siempre termináis uniendo la perfección de vuestra sexualidad con el sudor sobre el sofá de piel agrietada. Follar es tarea fácil cuando el resto del mundo se sume en tinieblas. Por el momento hay electricidad; la luz sale de los edificios mientras las calles se tiñen de rojo. La muerte calza zapatillas de deporte y corre más que nadie.

Tus besos son el polvo que levanta la brisa en un planeta inexplorado. Las acometidas de la pelvis, un combate de cangrejos cerca de una fosa mariana. El suelo se llena de los gestos que haces cuando tiras la ropa interior al suelo; las muñecas se mueven como una bailarina clásica cuya entrepierna clama la obra de Tchaikowski. Wagner. Beethoven. Sostakovich. Sexo en lo alto de la alacena, sudor y jadeos en un piso que pronto perderá la belleza de los rincones. Alguien escarba en la puerta; un dedo sin dueño cuya piel se cae a tiras. El sonido de una uña trata de romper la magia de un buen polvo alcohólico. Te bebes la vida a sorbos. Quieres ser una leyenda.

En la calle un automóvil frena en seco y de su interior sale lo que antes había sido un hombre. Levanta la vista y te mira mientras disfrutas del goce espiritual; el sexo eleva el alma y reordena los pensamientos. Lo físico y lo metafísico unen sus labios y disparan sus lenguas como lagartos con los ojos amarillos. Mientras te muestras complacido sus ojos te miran y sus dientes quieren apretar tu carne. Masticar la carne. Paladear el sabor de una victoria monstruosa. Siguen rascando la puerta, hurgando con la insistencia de la n-muerte. Alguien más escucha en el rellano. Te levantas del sofá y buscas la postura que no se ha inventado. Te muevo en círculos mientras ella te mira divertida. Coges el vaso; te bebes un poco más de tu vida.

Beberse la vida es divertido, como sonreír en una fiesta llena de gente desnuda sin saber que va a morir. Sin saber que alguien va a masticarte hasta que solo queden los huesos.

Se oye un grito en el piso de arriba.

La atmosfera de humo de cigarrillos y alcohol robado es embriagadora. Abres los brazos mientras la penetras como si fuera la primera vez; la borrachera hace que te olvides de todo antes de paladear el amargo sabor de la resaca. Normalmente las resacas te invitan a despertarte antes de que salga el sol y busques la humedad de su flor, pero ahora todo ocurre antes. Justo en el momento en el que se añade otro muerto más delante de la puerta. El arlequín de la pared te mira fijamente. Sus ojos de madera se posan en los tuyos y te muestran la realidad. Sabes que falta poco, que los tatuajes de tu piel van a separarse de tu cuerpo, que el alcohol que te has bebido en toda tu vida ya no existe; ha bajado por las tuberías del sinsentido con todo el dinero que tenías. Enciendes un cigarrillo mientras mueves las caderas. Eres la ausencia del héroe. La ausencia de los sentidos. Bailas música de ascensor con un cigarrillo en los labios y la empalmada más bestia de toda tu vida.

Sus jadeos pueden oírse en un CD de Aphex Twin, en una celda para locos en el laberinto de la no-cordura. Las raspaduras de la puerta se convierten en golpes desacompasados como un tema de Drum & Bass; como un mono tratando de tocar una batería. Estás a punto de correrte. Estás a punto de que la semilla del amor caiga sin remedio en la piel del sofá; vas a tener que ir al baño a por algo de papel higiénico. Vas a tener que pasar por la puerta principal y escuchar de cerca la música del infierno. A ella no le gusta ir a por papel.

Eyaculas como un chimpancé aburrido.

Caminas descalzo por el parquet. La ceniza cae en el suelo. Sientes el poder de tu miembro palpitando como el corazón de un perro rabioso, furioso, erguido, incólume, tratando de escupir un poco más de placer en formato líquido. Ella se acaricia los pechos mientras ve como te fundes con la oscuridad del pasillo. Tratas de evitar el ruido de la puerta. La mirilla te muestra la verdad; hay cuatro moribundos moviéndose a espasmos, tocando un tema zulú en la puerta, buscando el refugio de la carne cruda. Coges algo de papel de váter y corres por el pasillo. El diablo te fustiga en las nalgas antes de que la luz del salón te acoja en el apogeo de su esplendor; en la calidez de la supuesta evolución del hombre. La electricidad durará poco y lo sabes. Bebes otro sorbo mientras ella te mira una vez más. Llora con una sonrisa en la boca porque quiere más sexo antes de morir. El romanticismo adopta tintes dramáticos. La locura del ser humano se abre de piernas en el sofá y la penetras en un intento de eludir el horror. La hiel que le cae por la entrepierna no debe lamerse. Es hora de la absolución de tus pecados. Dios te mira y el Diablo mueve a la Reina. Jaque Mate. La dama de la guadaña se sienta junto a vosotros y se toca la entrepierna.

Los golpes cada vez son más fuertes. Los goznes de la puerta comienzan a ceder; el ímpetu de los desaforados abre una brecha en la idea del confort imperante. Moriréis desnudos junto a una réplica de M.C.Escher. Ella abre más las piernas y tú la sacas y bebes el último sorbo del vaso. Te gustan sus uñas pintadas de rojo. Te gusta sacar hielo del congelador cuando vas totalmente desnudo. Dejas que suspire. Dejas que desde el sofá te lance un hechizo; estás a punto de tirar el vaso al suelo y tirártela mientras la lujuria se refleja en sus ojos. Tratas de aguantar mientras la madera de la puerta cede por momentos. Van a comerse tu carne. Van a cortar por lo sano.

Sales de la cocina con el vaso lleno; el ruido que llega desde el pasillo comienza su particular cuenta atrás. Le ofreces el vaso mientras no puedes evitar clavar los ojos en la oscuridad. Suenan los tambores del hambre. Enciendes un último suspiro con la llama del cigarrillo. Le estampas un beso en la boca y dejas el vaso en la mesa. La abres suavemente de piernas y te colocas frente a su vagina. La miras directamente. Te pones en situación. Recorres las olas del placer con la tabla de surf de tu lengua. Los gemidos rompen en las playas de sus cuerdas vocales. Te olvidas de los golpes y de la madera que se rompe por momentos. Exploras la cueva del amor a mordiscos. Recorres con la punta de los dedos la dulce curvatura de sus pechos y le pellizcas un pezón hasta que se vuelve rojo. Rojo como la sangre que está a punto de derramarse encima del sofá. Un último golpe termina por derrumbar las almenas de vuestro castillo de placer.

Entran tropezándose los unos con los otros. Bebes otra vez, tienes tiempo para ofrecerle un último sorbo a sus lágrimas. Ella llora por última vez mientras entran en el salón y se abalanzan sobre vosotros. Se desgarra la carne y el placer se evapora con un último suspiro. Estuvisteis toda la noche desnudos moviéndonos al ritmo de una canción eterna de amor y bailes de salón para jubilados. La botella de ginebra cae al suelo y el licor se mezcla con la sangre.

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2 responses to “Sexo y muerte en un vaso de ginebra; extracto del libro “La Hamburguesa Humana”

  • claudia cruz

    amigo,siempre me llenas de placer!!! es un verdadero orgasmos leerte, gracias por tu trabajo!!! por cierto se los lei a mi grupo de lectura y te felicitan!!! asi que,adelente que nos ahumas de gozo!!! abrazs y besos!!

    • Ricard Millàs

      Muchas gracias por tus palabras. Trato de orgasmizar al público y veo que lo he conseguido. Puedes leerles los relatos que quieras y si alguien quiere comprar el libro lo tiene en papel y en ePub. Vale la pena. Un abrazo!

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