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La ecuación que nos mantiene con vida

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La ecuación que nos mantiene con vida requiere de la línea curvada para equilibrar el proceso que muchos llaman vida. La recta que pierda horizontalidad en realidad es una boca curvada, mostrando el collar de perlas que brillan cuando la higiene es activa y los acontecimientos tienen como resultado una actitud que mira al cielo aunque haga demasiado sol; demasiado fuego para tanta vida en estado de ebullición. La ecuación que nos mantiene alerta es la misma que hace variar sus números cuando los valores negativos avanzan hacia la anulación del estado vital, tanto si la gráfica de los sentimientos fluctúa hacia arriba en una variante de optimismo o en su caso contrario, abre las puertas de la enfermedad de la tristeza.

El poema ha resultado ser un análisis matemático que trata de establecerse como parásito dentro de la química de las emociones. La razón humana medida en parámetros y espirales de Fibonacci es incapaz de asignarse un valor específico puesto que sus motivos son la razón y los sentimientos. Establecer un valor exacto para las emociones es como buscar el espacio que comprende la música dentro de una estancia vacía.

Las matemáticas son incapaces de valorar las emociones, pero sí que pueden demostrar mediante el avance del tiempo como han podido establecerse como la perfección dentro de la naturaleza mediante el crecer de un árbol o la estructura de las ramas que entrecruzan las hojas que nacen de estas. ¿Podrían ser las medidas y la forma de una rama la manifestación de la felicidad de un árbol? ¿El avance natural y sano del proceso de vida de un vegetal?

Mediante el lento crecer de la vegetación, las líneas rectas que conforman su estructura siempre apuntan hacia quien les otorga vida señalando su posición. La misma planta señala el camino de aquel que le alimenta, así como, y mediante el camino opuesto, de quien le da de beber y le facilita minerales.

La ecuación que nos mantiene con vida también nos otorga medidas especiales que conforman nuestro origen; la altura es un claro ejemplo de que algunos seres pueden estar más cerca del astro que les da calor, pero no por ello poseen características especiales. Con el paso del tiempo el ser humano tiende a ser más alto ya que la ecuación que lo define cada vez posee valores más determinantes, medidos por factores como el alimento ingerido y la actitud física. La ecuación que nos mantiene con vida parte también del comportamiento de nuestro cuerpo ante una situación que obligue a estresar la musculatura y con ello, endurecerla para sostener los valores que conforman la estructura ósea.

Podemos medir un beso mediante una fórmula invisible que nuestro cerebro trata de desarrollar mientras nos enzarzamos en un combate de lenguas resbaladizas y supurantes de amor físico. Sabemos que la matemática funciona pero no sabemos cómo actúa dentro de un marco carnal. Lo mismo ocurre con el arte. ¿Podemos medir las emociones para comprender el arte como si este contuviera datos?

La manifestación del deseo, así como la de todas las emociones que comprende un perfil extremadamente sensible, puede definirse mediante el llanto, la risa y también el arte. De ahí que si las emociones requieren de unos valores químicos para realizarse, el arte también encierra dentro de su aura los sentimientos que fueron aplicados a la hora de manufacturarse la obra en cuestión y de su proceso. Para liberar un sentimiento atrapado en una obra pictórica, por ejemplo, deben apreciarse sentimientos muy parecidos a los del artífice que, simple y llanamente, se dedicó a expresarse usando una de las facetas que define al hombre como hombre. La manifestación artística es una variante del lenguaje, una forma de exponer la matemática que nos define y esboza líneas y curvas repletos de valores que sirven a modo de ingrediente para el resultado final; la vida.

El dibujo, resultado de infinitud de fórmulas y cálculos de las emociones, plasma algo que quizá nunca podríamos decir con palabras. La escritura, en cambio, hace que podamos dibujar una forma única en nuestra mente a partir de un único texto. Un libro puede ser leído por mucha gente y cada individuo imaginará de una forma única la telepatía que les está transmitiendo el autor. Es por eso que el papel es, por el momento, el único invento que detiene el tiempo y con ello los pensamientos expuestos en el soporte. Un soporte repleto de matemática igual que los sentimientos, solo que estos, necesitan ser expuestos para existir mediante el arte o el cuerpo. La relación entre estos dos entes tendrá a la obra artística como resultado final.

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Alma humana, monstruo tentacular

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Ilustraciones de Shawn Coss

Se intuye el despertar de fuerzas olvidadas. Materias de largos brazos que tratan de estar lo más cerca posible del concepto del monstruo antes que verse reflejadas en un espejo. Quieren otorgar el beneficio del miedo en aquellos que ven; necesitan que no los vean. Requieren atenciones sin necesidad de enaltecer lo grotesco. Son concepto. Son definición. Es imposible dibujarlas.

Aun así algunos se empeñan en buscarlas en las páginas de los escritores que nunca vieron el éxito en sus vidas. En música que no enseñan en las escuelas. En películas que nadie querría ver. A veces descansan enroscados debajo de las camas o adoptan formas humanas para mezclarse y así estudiar el extremo de la estupidez. Se intuye un ente con tentáculos y mil dientes en la cárcel de la boca capaz de succionar sueños y esperanzas. Se inventan oraciones para exaltar un sentimiento adormecido.

La sombra se cierne sobre la ciudad dormida. Sabe lo que tiene que hacer; es fácil. Tan solo tiene que constituirse como lo contrario a lo establecido. Es posible que el miedo sea una ficha más en el engranaje de la humanidad, una pieza irrompible e insustituible para que el mecanismo pueda seguir funcionando; la maldad primigenia como un sistema de relojería suiza. Un mal inevitable para justificar el sentimiento que le sirve de antítesis. Así es como funciona el sistema antes de que se escribiera la palabra que lo define.

Para ello no le hace falta usar un disfraz; simplemente se involucra en una red de pensamientos que incluye desde los primeros crímenes en forma de batalla inmortal contada en las partituras sin música de Gilgamesh, hasta el hedor de las pilas de cadáveres en las fosas de Austwitch. Y lo hace cada cierto tiempo, justo en el momento en el que las personas buscan el salvavidas invisible que presuponen que los va a mantener a flote para ofrecerles plástico deshinchado.

Y de ahí que el concepto de monstruo se entienda como zombi patoso, vampiro antiguo o lobo desdibujado, cuando en realidad su propia definición acobardaría al general más valiente, al felino más audaz, incluso al hombre que –desprovisto de poderes especiales- se busca a sí mismo en las situaciones efímeras de peligro urbano.

Se cierra la luz de los dormitorios para despertar la actividad cerebral que esboza monstruosidades en múltiples formas y tamaños, texturas y diseños imposibles, bocas y ojos esbozados a mano alzada por un demonio aburrido. Se cierra el vórtice espacio-temporal que comprende la lógica humana para desplazar al alma a un viaje hipnótico, imposible, inaudito. Se aniquila el concepto de compresión para dejar paso a la no-cordura, a una vida que simplemente nadie puede ver; solo aquel que la sueña deja paso al héroe, al fracasado, al monstruo que ve como se hunde en un volcán de lava apagada.

La leyenda vive en un frasco de formol, puesto que nunca envejece. El mito se oculta a pesar de que no le importa ser visto por miles de ojos que lo visualizan de un modo particular; no existen dos monstruos iguales cuando son dos las cabezas las que los piensan. La carencia de estímulos influirá directamente en la calidad del dibujo. El hombre solo es capaz de quedarse con la esencia a pesar del aluvión de imágenes, música, estímulos, letras, películas o elementos que puedan ayudarle a vislumbrar una imagen concreta. Nadie es capaz de acordarse a la perfección de cualquier incentivo que pueda influir en la construcción de su monstruo particular. Son solo formas imprecisas, recuerdos u olores que configuran retazos de lo se quiso imaginar, pensar o incluso analizar de un modo más detallado en cualquier mente.

Se intuye el despertar de fuerzas olvidadas cuando el diablo que se enrosca en la cabeza busca su propio regocijo en el sufrimiento ajeno. Monstruos tentaculares con dientes afilados e intenciones perversas bailando en las cárceles de todos aquellos que duermen pensando que la tranquilidad se puede conseguir en el bienestar, en la comodidad de un hogar, en la suave y limpia condición de hombre civilizado. Dicen aquellos que más sufren que se puede huir a lugares invisibles cuando el engendro golpea con demasiado ímpetu. Otros creen que la enfermedad es demasiado pequeña y puede combatirse con esfuerzo. Los héroes de salón hablan de lo que no conocen; un monstruo escondido en un cerebro puede ser visto en un microscopio pero poseer tanto poder que el alma humana lo tema. La psicopatía es ridículamente pequeña pero enormemente peligrosa.

El monstruo moderno en realidad es una enfermedad que nadie parece ver.